- Los Orígenes de Villa Lola Una Historia de Sueños Inmigrantes
- Adrogué Un Pueblo Diseñado para la Cultura y la Belleza
- Villa Lola y el Cine Argentino Un Escenario de Lujo
- Arquitectura y Patrimonio Los Tesoros de Villa Lola
- El Largo Silencio Cinco Años de Puertas Cerradas
- El Renacimiento La Restauración de Villa Lola
- Villa Lola Hoy Un Centro Cultural para el Siglo XXI
- El Significado de Villa Lola para Adrogué y Almirante Brown
- Lecciones de Villa Lola: Patrimonio, Comunidad y Cultura
- El Futuro de Villa Lola: Construyendo Cultura Día a Día
- Visitá Villa Lola: Una Invitación a Formar Parte de la Historia
Si alguna vez caminaste por las calles arboladas de Adrogué, es muy probable que hayas sentido ese aire nostálgico que emana de sus antiguas casonas. Entre todas ellas, hay una que destaca no solo por su arquitectura imponente, sino por la historia que guardó durante más de 150 años: Villa Lola, construida en 1872. Esta joya del patrimonio arquitectónico browniano acaba de renacer de sus cenizas, y vos tenés que conocer su extraordinaria historia.
Ubicada frente a la emblemática Plaza San Martín, en la calle Intendente Dr. Martín González 921, esta casona te invita a viajar en el tiempo. Cada rincón de Villa Lola cuenta una historia de inmigración, prosperidad, cine y cultura. Declarada Patrimonio Histórico por el municipio de Almirante Brown, representa mucho más que una construcción antigua: es un testimonio vivo de cómo se forjó la identidad de Adrogué y de toda la zona sur del conurbano bonaerense.

La imponente fachada de Villa Lola, con su característico relieve que conserva el nombre original desde 1872
Los Orígenes de Villa Lola Una Historia de Sueños Inmigrantes
Para entender el verdadero valor de Villa Lola, primero tenés que conocer el contexto en el que nació. Corría el año 1872, apenas dos años después de la fundación oficial de Adrogué. El pueblo era un proyecto visionario del comerciante y filántropo Esteban Adrogué, quien había adquirido estas tierras en 1862 con el sueño de crear un refugio residencial alejado del bullicio de Buenos Aires.
La casona que hoy conocemos como Villa Lola fue construida según los planos catastrales en enero de 1872, convirtiéndose en una de las primeras quintas del pueblo recién fundado. Formó parte de ese conjunto inicial de residencias que definieron el carácter aristocrático y cultural que caracterizaría a Adrogué durante décadas.
La Familia Rimassa Protagonistas de una Época
La historia de Villa Lola está profundamente entrelazada con la saga de la familia Rimassa, inmigrantes genoveses que llegaron a Argentina buscando nuevas oportunidades. Domingo Luis Rimassa y Rosa Luisa Sant'Ambrosio adquirieron la propiedad y la convirtieron en su hogar familiar. Eran comerciantes prósperos que representaban el espíritu emprendedor de miles de italianos que construyeron el país.
Durante generaciones, los Rimassa habitaron la casona, convirtiéndola en un punto de referencia del vecindario. Tras la muerte del matrimonio fundador, la propiedad quedó en manos de sus tres hijos. Entre ellos destacó Teresa Rimassa, quien vivió en la casa hasta su fallecimiento en 2001. Teresa era conocida en todo Adrogué como anticuaria y decoradora, una mujer querida por los vecinos que mantuvo vivo el espíritu de la casona durante décadas.

El interior restaurado de Villa Lola conserva los pisos originales de pinotea y los techos abovedados de 1872
Adrogué Un Pueblo Diseñado para la Cultura y la Belleza
Para comprender por qué Villa Lola es tan especial, tenés que entender el contexto único en el que fue construida. Adrogué no fue un pueblo que creció de manera espontánea; fue un proyecto urbanístico planificado con visión de futuro.
El Genio de los Arquitectos Canale
El diseño urbano de Adrogué estuvo a cargo de Nicolás y José Canale, padre e hijo, destacados arquitectos e ingenieros genoveses que revolucionaron el urbanismo argentino del siglo XIX. Su propuesta era innovadora para la época: en lugar del tradicional damero español, crearon un trazado con diagonales, boulevares y múltiples plazas que rompían con los esquemas convencionales.
Este diseño visionario de los Canale incluso sirvió de inspiración para el posterior trazado de la ciudad de La Plata. Las diagonales de Adrogué se convirtieron en un modelo de planificación urbana que priorizaba los espacios verdes, la ventilación y la calidad de vida de sus habitantes.
Un Refugio para Intelectuales y Artistas
Desde sus inicios, Adrogué atrajo a personalidades del mundo cultural argentino. El célebre escritor Jorge Luis Borges pasaba sus veranos en el pueblo y lo inmortalizó en varios de sus cuentos. El historiador José Luis Romero, el escritor Ricardo Piglia, el arquitecto Mario Buschiazzo, y muchos otros intelectuales eligieron Adrogué como su refugio creativo.
Esta tradición cultural convirtió al pueblo en un centro intelectual del sur del conurbano bonaerense, y Villa Lola fue testigo privilegiado de esa época dorada.

Construcciones del siglo XIX en el conurbano
Villa Lola y el Cine Argentino Un Escenario de Lujo
Uno de los capítulos más fascinantes de la historia de Villa Lola es su protagonismo en el cine nacional. La casona prestó su elegancia arquitectónica y su atmósfera de época para dos películas fundamentales del cine argentino, dirigidas por el maestro Leopoldo Torre Nilsson.
La Casa del Ángel (1957)
En 1957, Torre Nilsson utilizó diversas quintas de Adrogué, incluida Villa Lola, para filmar "La casa del ángel", basada en la novela de Beatriz Guido. Esta película, protagonizada por Elsa Daniel y Lautaro Murúa, se estrenó el 11 de julio de 1957 y representó un punto de inflexión en el cine argentino.
La arquitectura de las casonas de Adrogué proporcionó el escenario perfecto para explorar los dramas psicológicos y la atmósfera opresiva que caracterizaban el estilo de Torre Nilsson. La película consolidó al director como uno de los autores cinematográficos más importantes de Latinoamérica.
Boquitas Pintadas (1974)
Diecisiete años después, Torre Nilsson regresó a Villa Lola para filmar "Boquitas pintadas", adaptación del folletín de Manuel Puig. Estrenada el 23 de mayo de 1974, esta película contó con un elenco excepcional que incluía a Alfredo Alcón, Marta González y Cipe Lincovsky.
Corría el año 1974 cuando las cámaras y camarógrafos invadieron los salones de Villa Lola. Los vecinos de Adrogué se acercaban curiosos a ver cómo se recreaba la Argentina de los años 40 en esa casona centenaria. La colaboración entre Torre Nilsson y Puig resultó en una de las películas más logradas de ambos artistas.
Estas filmaciones no fueron casuales: Villa Lola ofrecía exactamente lo que los directores buscaban: autenticidad histórica, arquitectura preservada y esa atmósfera única que solo las construcciones con más de un siglo de vida pueden ofrecer.
Arquitectura y Patrimonio Los Tesoros de Villa Lola
Desde el punto de vista arquitectónico, Villa Lola es un ejemplar sobresaliente de la construcción residencial del siglo XIX en Argentina. La casona representa el estilo italianizante que predominaba en la época, traído por los arquitectos e ingenieros europeos que diseñaron gran parte del patrimonio arquitectónico argentino.
Características Arquitectónicas Originales
La propiedad conserva elementos arquitectónicos de gran valor histórico. Los pisos originales de pinotea, madera noble utilizada en las construcciones de alta categoría del siglo XIX, han sobrevivido más de 150 años. Los techos abovedados, característica distintiva de la arquitectura de la época, crean espacios amplios y con excelente acústica.
En la entrada, un aljibe original de la época permanece como testigo silencioso de una era en la que cada quinta debía tener su propia fuente de agua. Este elemento, preservado como reliquia histórica, te recuerda las condiciones de vida de aquellos primeros habitantes de Adrogué.
La fachada conserva el relieve con el nombre "Villa Lola", presente desde su origen. Este detalle, que podría parecer menor, es fundamental: nos conecta directamente con la decisión de aquellos primeros propietarios de nombrar así a su hogar, una práctica común entre las familias prósperas del siglo XIX.
Declaración como Patrimonio Histórico
El municipio de Almirante Brown reconoció oficialmente a Villa Lola como Patrimonio Histórico, una declaración que protege legalmente la construcción y garantiza que cualquier intervención respete su valor arquitectónico y cultural. Esta protección forma parte de un catálogo más amplio del patrimonio arquitectónico de Adrogué y Ministro Rivadavia, donde se han identificado más de 500 edificios y casas con valor histórico.

El patio interior de Villa Lola, restaurado para funcionar como espacio de encuentro cultural y lectura
El Largo Silencio Cinco Años de Puertas Cerradas
Tras el fallecimiento de Teresa Rimassa en 2001, Villa Lola entró en una etapa difícil. La casona pasó por distintos usos y propietarios, pero en los últimos cinco años permaneció cerrada, con sus ventanas tapiadas y sus jardines abandonados. Los vecinos de Adrogué veían con tristeza cómo este emblema del patrimonio local se deterioraba lentamente.
Durante esos años de abandono, muchos temieron que Villa Lola corriera la misma suerte que otras casonas históricas ser demolida para dar paso a edificios modernos. El peligro era real: en toda la zona se han perdido invaluables ejemplos de arquitectura del siglo XIX por falta de protección o recursos para su mantenimiento.
Pero la historia de Villa Lola estaba lejos de terminar. En 2020, cuando la casona parecía condenada al olvido, surgió un proyecto que le devolvería no solo la vida, sino también su vocación cultural original.
El Renacimiento La Restauración de Villa Lola
El proyecto de restauración de Villa Lola fue liderado por Alfredo Caputo, un hombre de 74 años con una trayectoria extraordinaria en el mundo editorial argentino. Exdirector de las prestigiosas editoriales Paidós y Gedisa, Caputo llevaba toda su vida vinculado a los libros y la cultura.
Un Proyecto Familiar y Comunitario
Acompañado por sus hijas María Pía y Guillermina, Caputo no solo invirtió sus ahorros familiares en el proyecto, sino que también convocó a amigos y colaboradores que confiaron en su visión. Una de sus hijas dejó su vida en Sudáfrica para sumarse al desafío de rescatar Villa Lola.
Pero esto fue mucho más que un proyecto empresarial. Para Caputo, Villa Lola tenía un significado profundamente personal. Durante su infancia y adolescencia, paseaba con su padre ciego por Adrogué. Cada domingo se detenían en la estación a ver pasar la locomotora a vapor, y de regreso pasaban por Villa Lola. Esos recuerdos de infancia, esas caminatas con su padre, convirtieron la restauración de la casona en algo más que un negocio: era recuperar un pedazo de su propia historia.
Principios de la Restauración
El equipo de Caputo adoptó un principio casi religioso para la restauración respetar absolutamente la historia de la casa. No tirar una pared, no romper un piso, no tirar una ventana ni violentar una puerta", fue la premisa que guió todo el proceso. Cada elemento fue tratado con sumo cariño.
La restauración demandó meses de trabajo intenso. Pronto surgieron desafíos inesperados el subsuelo de casi 1,5 metros de profundidad, con cámara de aire antigua característica de esas construcciones, no era apto para soportar el peso de más de 60 mil libros. Esto obligó a una compleja obra de apuntalamiento utilizando madera del norte argentino y otros materiales para robustecer la estructura.
Los materiales antiguos fueron reconvertidos creativamente: viejos postigones se transformaron en elementos decorativos para los paredones, ventanas ciegas se convirtieron en un portón corredizo. Nada se desperdició, todo se resignificó manteniendo el espíritu original de la construcción.
Villa Lola Hoy Un Centro Cultural para el Siglo XXI
El 26 de noviembre de 2024, Villa Lola abrió sus puertas después de más de cinco años de silencio. Pero no volvió como una simple casona restaurada: renació como un vibrante centro cultural y librería que aspira a convertirse en un punto de encuentro fundamental para toda la comunidad de Adrogué y el sur del conurbano.
Más que una Librería Un Espacio de Encuentro
Como explicó el propio Caputo: "No nos interesaba tener simplemente un local donde se vendan libros. Queríamos generar un centro: un espacio de encuentros, de lectura, de reflexión, de comunidad". Esta filosofía se refleja en cada decisión tomada en el diseño del nuevo espacio.
Villa Lola ocupa 786 metros cuadrados en total, distribuidos en 258 metros cuadrados cubiertos y 528 de superficie descubierta. Las tres salas principales de la librería suman más de 120 metros cuadrados, con estanterías altas, señalética organizada por géneros y colores diferenciados para cada sección.
El catálogo inicial cuenta con aproximadamente 60 mil libros, priorizando autores nacionales e internacionales, clásicos y contemporáneos. La curaduría está pensada para acompañar distintos modos de lectura, desde el lector académico hasta el casual que busca una novela para el fin de semana.
Espacios Pensados para Quedarse
El patio interior, techado y climatizado, funciona como un refugio de lectura donde podés sentarte a tomar un café, hojear libros o simplemente conversar. El patio trasero, al aire libre, fue transformado en un espacio con paredes y estructuras coloridas de estilo colonial. Al frente, un gazebo preparado con mesas y sillas ofrece otro rincón para disfrutar.
La programación cultural incluye talleres, charlas, ciclos de arte y debates literarios. También hay propuestas especiales para las infancias, reconociendo que formar nuevos lectores es fundamental para mantener viva la cultura del libro.
El Mural de Florencia Menéndez
En la inauguración se descubrió un mural de siete metros de altura pintado por la artista Florencia Menéndez en la fachada. El mural incluye el mensaje de James Russell Lowell que resume la filosofía de Villa Lola: "Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra".
El Significado de Villa Lola para Adrogué y Almirante Brown
Adrogué se debía una librería y un centro cultural de estas características. Una localidad que fue elegida por gigantes de la literatura argentina como Jorge Luis Borges y Ricardo Piglia, que albergó a destacados intelectuales y artistas, merecía un espacio cultural a la altura de ese legado.
Recuperando la Tradición Cultural
La apertura de Villa Lola representa algo más que la restauración de un edificio histórico: es la recuperación de una tradición cultural que había languido en las últimas décadas. En tiempos donde las librerías independientes luchan por sobrevivir frente a las plataformas digitales, este proyecto demuestra que existe un público ávido de espacios físicos para el encuentro con los libros y con otras personas.
La comunidad de Adrogué respondió con entusiasmo desde el inicio. Como señaló Caputo, los vecinos son "inquietos, despiertos, activos, asombrosamente ricos en ingeniárselas para enriquecer sus espacios". Esta energía comunitaria fue fundamental para el éxito del proyecto.
Apoyo Institucional
El intendente de Almirante Brown y la directora de Patrimonio Cultural, Sandra Agis, acompañaron el proyecto desde sus inicios. En la inauguración, el municipio entregó el acta que declara al espacio de interés cultural, refrendando oficialmente su importancia para el patrimonio local.
Las editoriales y distribuidoras más relevantes del país también brindaron su apoyo, reconociendo en Villa Lola un aliado fundamental para mantener viva la tradición editorial argentina en un formato de cercanía.
Lecciones de Villa Lola: Patrimonio, Comunidad y Cultura
La historia de Villa Lola nos enseña varias lecciones valiosas sobre la preservación del patrimonio, la construcción de comunidad y el rol de la cultura en nuestras vidas.
El Patrimonio Como Identidad
Las construcciones históricas no son solo ladrillos y madera: son la memoria física de nuestra comunidad. Cada casona preservada nos conecta con las generaciones que nos precedieron, con los sueños de aquellos inmigrantes que construyeron el país, con las decisiones urbanísticas que definieron nuestro entorno.
Cuando demolemos un edificio histórico, no solo perdemos una construcción: perdemos un pedazo de nuestra identidad colectiva. La decisión de restaurar Villa Lola en lugar de reemplazarla con un edificio moderno fue una decisión en favor de la memoria y la identidad.
La Importancia de los Espacios Culturales
En un mundo cada vez más digital, podríamos pensar que los espacios físicos para la cultura son innecesarios. Villa Lola demuestra exactamente lo contrario: hay una necesidad profunda de lugares donde encontrarnos cara a cara, donde podamos tocar los libros, conversar con un librero que conoce los títulos, sentarnos a leer rodeados de otras personas que comparten la pasión por la lectura.
Como escribió Borges (quien tanto amó Adrogué), hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros o sin agua. Somos muchos los que no podemos imaginar un mundo sin libros, y por extensión, sin lugares donde los libros y las personas se encuentren.
El Valor de la Persistencia
El proyecto de Villa Lola surgió en medio de uno de los momentos más difíciles de la historia económica argentina reciente. Cuando le preguntaron a Caputo cómo se atrevía a realizar semejante inversión en un país tan incierto, respondió con sabiduría: "En la medida en que el país no ha tenido la capacidad de crecer, y ni siquiera de sostener un comportamiento estable, no se puede esperar que el contexto sea más propicio que el que es. Por eso nos sumergimos en el desafío de la vida misma".
Esta respuesta encierra una verdad profunda: no podemos esperar el momento perfecto para actuar. A veces hay que lanzarse al desafío, confiar en el proyecto y en la comunidad que lo va a sostener.
El Futuro de Villa Lola: Construyendo Cultura Día a Día
Cuando le preguntaron a Alfredo Caputo qué sueña para el futuro de Villa Lola, su respuesta fue humilde y profunda: "No puedo ser tan pretencioso. El futuro dependerá del presente. Si es próspero, nos proponemos consolidar una organización con base humana al servicio de la comunidad".
Esta visión centrada en lo humano, en los valores y en la amabilidad es lo que diferencia a Villa Lola de un simple negocio. El lema interno del equipo es que quienes trabajen allí deben ser, antes que nada, personas con valores y amables.
Haciendo Cultura
Caputo recuerda una anécdota que resume la filosofía de Villa Lola. Hace muchos años, recorriendo a caballo una sierra en Ecuador, le preguntó a un baqueano indígena qué estaban haciendo. "Estamos haciendo cultura", le respondió el hombre. Esa respuesta lo conmovió profundamente y todavía resuena en su memoria.
De eso se trata la apertura de Villa Lola en Adrogué: de hacer cultura, de cultivar, de integrar conocimientos, costumbres, valores y sentimientos "como el polen germinativo de persona a persona".
Visitá Villa Lola: Una Invitación a Formar Parte de la Historia
Si vivís en Adrogué, Almirante Brown o en cualquier parte del sur del conurbano, tenés una cita pendiente con Villa Lola. Esta casona de 1872 que sobrevivió guerras, crisis económicas, cambios de época y cinco años de abandono, te está esperando con sus puertas abiertas.
Podés visitarla en la calle Intendente Dr. Martín González 921, frente a la Plaza San Martín y a metros de la estación de tren de Adrogué. Cuando cruces el umbral, vas a sentir inmediatamente el peso de la historia: los pisos de pinotea crujiendo bajo tus pies, los techos abovedados amplificando las conversaciones, el aljibe centenario recordándote de dónde venimos.
Pero también vas a sentir algo nuevo: la energía de un proyecto cultural vivo, el olor de los libros nuevos mezclándose con el aroma de la madera antigua, la calidez de un espacio pensado para que vos te quedes, leas, converses, formes parte de una comunidad.
Villa Lola no es solo una librería, no es solo un centro cultural, no es solo un edificio histórico. Es todo eso y mucho más: es un testimonio de que vale la pena preservar nuestro patrimonio, de que los sueños persisten a través de las generaciones, de que la cultura es esencial para nuestra vida comunitaria.
Esta casona de 1872 renació para recordarnos que las piedras pueden guardar historias, que los espacios pueden transformarse sin perder su esencia, y que cada uno de nosotros puede formar parte de esa cadena de transmisión cultural que conecta el pasado con el futuro.

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